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Baja California y la patagonia, tierra de gigantes y otros imaginarios. [recurso electrónico] / Armando Rodríguez Rosales ; director, Armando Rodríguez Rosales

Por: Rodríguez Rosales Armando.
Colaborador(es): Ortoll, Servando [dir.] | Universidad Autónoma de Baja California. Instituto de Investigaciones Culturales--Museo.
Tipo de material: materialTypeLabelLibroEditor: Mexicali, Baja California, 2016Descripción: 1 recurso en línea ; 151 p. : il. col.Tema(s): Baja california (México) -- Tesis y disertaciones académicasRecursos en línea: Tesis digital Nota de disertación: Tesis (Maestría) - Universidad Autónoma de Baja California Instituto de Investigaciones Culturales-Museo, Mexicali, 2016. Resumen: La idea inicial del proyecto de tesis era trabajar en una investigación sobre mitos, leyendas negras e imaginarios en Baja California. Un evento circunstancial cambió mis pretensiones. El viraje de la idea original –claramente con enfoque regionalista– se convirtió en un trabajo de mayor envergadura. El evento que motivó mi imaginación fue una conferencia del Dr. Ernesto Bohoslavsky, “Complot Patagónico: nación, conspiracionismo y violencia en el sur de Argentina y Chile, siglos XIX y XX”. Bohoslavsky1 presentó su disertación en Mexicali (marzo de 2015) en el Instituto de Investigaciones Culturales (IIC) perteneciente a la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Durante la conferencia, Bohoslavsky, abordó temas y conceptos que de inmediato relacioné con la historia y los imaginarios de Baja California. El conferencista reseñaba mitos de complots anexionistas, leyendas de gigantes, posibles invasiones y luchas territoriales con los países limítrofes de Argentina. Todos estos eventos los ubicaba concretamente, en el lejano territorio de la Patagonia. 2 Coincidentemente, en la península de Baja California, estos imaginarios,3 y también realidades, no son ajenos ni desconocidos, cómo veremos más adelante. Interesado en las investigaciones de Bohoslavsky decidí profundizar en el conocimiento de un territorio tan lejano y desconocido para un bajacaliforniano cómo es la Patagonia. Por intermediación del Dr. Servando Ortoll, mi director de tesis, obtuve la tesis doctoral de Bohoslavsky, quien en el primer capítulo apunta: “tal vez no haya otra región en el mundo de la que se haya hablado tanto y que sea menos conocida que la Patagonia. Considerada hace más de doscientos cincuenta años cómo la patria de un pueblo de gigantes que sólo existieron en la imaginación de los primeros viajeros; muy bien secundada en sus ensoñaciones por la credibilidad de unos y la ignorancia de otros”.4 El título del tema de investigación se relaciona y alude a la imaginaria existencia de una raza de hombres de estatura desproporcionada. En la imaginación popular, estos seres existieron en tiempos inmemoriales y poblaron los territorios de la Patagonia y la península de Baja California. El mencionar gigantes dentro de la investigación, también implica una representación metafórica. Esta alegoría refiere a los esfuerzos “gigantescos” de supervivencia de los primeros pobladores; posteriormente, de los colonizadores europeos en estos agrestes y desolados territorios. No menos gigantescas son la cordillera de los Andes y las sierras bajacalifornianas, los glaciares, los mares, los ríos y los desiertos. También cabe comparar, las inmensas tierras no cultivadas y deshabitadas de la Patagonia y de la península bajacaliforniana. De acuerdo con Bohoslavsky, son poco conocidas las razones por las cuales la Patagonia fue el lugar preferido para intentar complots anexionistas. Bohoslavsky se pregunta: ¿por qué fue la Patagonia el lugar seleccionado? ¿Por qué los forjadores de mitos conspirativos recurrieron tan asiduamente al espacio patagónico cómo supuesto escenario físico de desarrollo del complot? Bohoslavsky también se cuestiona: ¿qué había en el territorio? o más bien, ¿qué se creía que había? ¿Qué lo hacía factible de ambiciones conspirativas y anexionistas?5 Para Bohoslavsky responder esas preguntas implicaba introducirse en la historia de la Patagonia. Las imágenes y representaciones de lo patagónico hacían creíbles las denuncias del nacionalismo argentino. Ese nacionalismo refería los intentos de sublevación comunista, los intentos de colonización y asentamientos ingleses y judíos. Además, la supuesta presencia nazi durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Los panoramas de mitos, conspiraciones e imaginarios también se presentaron en Baja California durante los siglos XVI al XIX. A la península de Baja California, por muchos años, se le consideró una isla. Lo más sorprendente del mito menciona que la isla estaba poblada por amazonas y gobernada por una reina llamada Calafia. Este imaginario proviene de la novela de caballería medieval Las Sergas de Esplandián. El autor, Garcí Rodríguez de Montalvo, publicó su libro entre la transición del siglo XV y XVI. Salvador Bernabéu Albert, en la introducción moderna a Las Sergas de Esplandián apunta: “la cita literaria más famosa de la historia de California es la que comienza con estas palabras”: Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla llamada California, muy llegada a la parte del paraíso terrenal, la cual fue poblada por mujeres negras, sin que varón entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su estilo de vivir. Ellas eran de valientes cuerpos y esforzados y ardientes corazones, y de grandes fuerzas. La ínsula en sí, la más fuerte de ricos y bravas peñas que en el mundo se hallaba. Sus armas eran todas de oro y también la guarnición de las fieras bestias, que después de haberlas amanzano cabalgaban, que en toda la isla no había otro metal alguno. Moraban en cuevas muy bien labradas. Tenían muchos navíos en que salían a otras partes a hacer sus cabalgadas, y los hombres que prendían los llevaban consigo dándoles muerte que adelante oiréis. Y algunas veces que tenían paces con sus contrarios, mezclábanse con toda seguranza unos con otros, y ayuntamientos carnales, donde se seguía quedar muchas de ellas preñadas, y sí parían hembra, guardábanla, y sí parían varón luego era muerto.6 Los mitos y leyendas de amazonas y gigantes pasaron al nuevo mundo en la mente de los conquistadores. Ésto, a pesar de las tempranas prohibiciones para esos libros de historias y cosas profanas. Durante las exploraciones y la expansión española en América, los conquistadores continuaron escuchando los relatos acerca de amazonas y otros seres fabulosos. Bernabéu observa que son muy conocidas las tres referencias a las mujeres guerreras en el primer diario de Cristóbal Colón de 1493.7 Guy Rozat menciona que cuando Colón descubrió América, soñó con una tierra de amazonas y buscó El Dorado, la fuente de la eterna juventud. Colón no tuvo ninguna duda sobre lo legítimo de su derecho de esclavizar a los caribes, “subhombres monstruosos que comían carne humana”.8 En poco tiempo estos relatos llegaron a la corte española y de ahí se difundieron a toda Europa. La búsqueda de amazonas y de islas ricas en oro y perlas comenzó desde que Hernán Cortés se preparaba para la conquista de México. El 23 de octubre de 1518 el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, dio instrucciones a Cortés para que averiguara: “donde y en qué parte están las amazonas que dicen los indios que con vos lleváis, que están cerca de allí”.9 Cortés zarpó de Cuba el 10 de febrero de 1519, pero para desilusión de Velázquez, jamás volvió a la isla caribeña. Dos años y medio después, el 13 de agosto de 1521, Cortés y sus aliados tomaron Tenochtitlán y conquistaron el imperio Mexica. 10 Las primeras acciones de Cortés, después del saneamiento de Tenochtitlán, fue enviar a sus capitanes a explorar el enorme territorio conquistado. En su cuarta carta de relación, enviada a Carlos V, en 1524, Cortés apuntó: “asimismo me trajo relación [Francisco de Garay] de los señores de la provincia de Ciguatán,11 que se afirma mucho haber una isla toda poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres, con los cuales han acceso, y las que quedan preñadas, sí paren mujeres las guardan, y sí hombres los echan de su compañía; y que esta isla está diez jornadas de esta provincia y que muchos de ellos han ido allá y las han visto. Dícenme asimismo que es muy rica en perlas y oro”. 12 Cabe señalar que este relato imaginario de amazonas, enviado por Cortés al rey español, es similar al de las Sergas de Esplandián. Pedro Mártir de Anglería, en el libro VIII de sus Décadas del Nuevo Mundo, publicado en 1524, también alude a las amazonas: “mis informantes no me han sacado de dudas respecto a si la isla de Matininó está exclusivamente habitada por amazonas. Cuando traté esta cuestión no afirmé el hecho, sino que me limité a consignar un rumor dudoso. Sin embargo, Alfonso Argüelles, Secretario del Emperador para los asuntos de Castilla y recaudador aquí de las rentas de la ilustrísima Margarita, tía del César, afirma, después de haber recorrido aquellas tierras, que el hecho es histórico y no fabuloso”.13 Bernabéu señala que las leyendas de amazonas se extendieron por diversos rumbos del Nuevo Mundo, desde el Caribe hasta Brasil y Chile.14 Más tarde, relatos similares al de Cortés, fueron hechos por Nuño Beltrán de Guzmán quien envió varias cartas a Carlos V. La primera de ellas el 8 de julio de 1530: “iré a la provincia de Astatlán, que dicen que es cosa muy grande y de mucha gente que me espera de guerra, que está de aquí tres jornadas, y de allí, mediante su gracia, iré en busca de las amazonas que me dicen que están a diez jornadas. Unos dicen que habitan dentro de la mar, y otros que están en una parte de un brazo de mar y que son ricas y temidas […] son más blancas que estas otras, traen arcos y flechas y rodelas, comuníquense cierto tiempo del año con los vecinos, y lo que nace, sí es varón dicen que lo matan y guardan las mujeres”.15 La segunda carta de Nuño Beltrán, fue similar a la primera, y fechada el 16 de enero de 1531, cuando se encontraba en Chiametla: “tengo relación de la tierra adentro, de provincias muy grandes y ricas, y de ser la gente más belicosa que las de otras partes; y que entre estas provincias hay una de mujeres que no habitan con hombres ni los consientes sino en cierto tiempo del año, y de lo que paren, sí es hembra, lo dejan consigo, y sí varón dicen que lo matan”.16 Descubrir y conquistar la isla de las amazonas siguió en la mente de Cortés y de Guzmán por varios años. Otra de las pretensiones de Cortés fue encontrar el Estrecho de Anián, que supuestamente comunicaba el Pacífico con el Atlántico; sin embargo, descubrir y enfrentar a las míticas guerreras era sólo imaginación. Todo indica que las novelas de caballería, los relatos de los conquistadores y los nativos americanos fomentaron la codicia de los españoles. La motivación de encontrar ricas tierras con yacimientos de oro, plata y perlas, era demasiada tentación. El arribo de los primeros exploradores a la Patagonia y la península de Baja California fomentaron un constante imaginario de inmensos y fantásticos territorios. Los afanes con los nuevos descubrimientos cumplirían una doble función: hacer ricos a los conquistadores y el ensanchamiento de los dominios de la corona española. Al parecer, la mentalidad de los europeos y sus acompañantes fue estimulada por la inmensidad de las áridas planicies patagónicas. La Antigua California inspiró los mismos sentimientos de los primeros viajeros. Por casi doscientos años los europeos continuaron con sus exploraciones. Cambiaron la geografía conocida, pero sin encontrar lo que realmente buscaban, sencillamente porque no existía. Las evidencias demostraron que todo era irreal y sólo cabía en el campo de lo imaginario. La Patagonia y Baja California no estuvieron exentas de esos imaginarios. Un ejemplo son los topónimos de la supuesta isla californiana, y el nombre de Patagonia que siguen hasta la fecha sin resolverse. La pluralidad del significado del término “Patagonia” se dio por el desconocimiento geográfico y físico del territorio hasta fines del siglo XIX. Esta ignorancia facilitaba las construcciones imaginarias. Bohoslavsky indica que: “probablemente no haya en Argentina un espacio que posea tal cantidad de rasgos mitologizados y de distancia entre lo que se es y lo que se dice que es”.17 En la Patagonia existe una larga tradición por vincular este territorio con todo tipo de leyendas: la mítica ciudad de los Césares y el no menos mítico Dorado; así cómo la existencia de gigantes, animales fantásticos y caníbales.18 El imaginario cómo objeto de estudio El “imaginario” cómo objeto de estudio dentro de las ciencias sociales, no es simplemente una palabra, es también un campo, un terreno de estudio. 19Jean Paul Sartre y Gastón Bachelard acuñaron definiciones al concepto. Juan Camilo Escobar señala que Sartre intentó justificar la existencia terrenal del hombre a partir de tres aptitudes: imaginación, razón y percepción. En concordancia, lo imaginario es el terreno de la imaginación.20 Posterior a la definición de Sartre, Gastón Bachelard afirmó que ese concepto era un terreno de estudio paralelo a la razón. El filósofo indicó que la imaginación no representa imágenes, sino que es imaginario. De esta manera lo imaginario sería la imaginación y todo lo que ella produce. De acuerdo con Bachelard el vocablo primordial que compete a la imaginación no es la imagen, es el imaginario. Gilbert Durand, antropólogo y autor del libro Las estructuras antropológicas de lo imaginario (1979) fue discípulo de Bachelard. En su obra, Durand asegura que el imaginario se constituye por modelos propios a toda la humanidad, y que éstos fueron creados desde las sociedades primitivas.21 Durand destaca el hecho que el imaginario tiene: “carácter universal, transhistórico e inmutable. Los modelos de la humanidad, provenientes desde lo más antiguo de la historia, de épocas inmemoriales, se expresan detrás de las diferentes apariencias de las culturas”. 22 En opinión de Durand, lo imaginario cabe en lo simbólico y el mito. En lo simbólico como lenguaje que expresa significados. En el mito, como totalidad significativa que da sentido al mundo social.23 De acuerdo con Juan Camilo Escobar, el imaginario es: “un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes […] es conjunto de imágenes mentales que sirve de producciones estéticas, literarias y morales, pero también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitido”. 2
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Tesis Centro de Documentación y Archivos Digitales de IIC-Museo
Colección de Tesis F1246 R637 2016 (Navegar estantería) 1 Disponible IIC007417

Maestría en estudios socioculturales

Tesis (Maestría) - Universidad Autónoma de Baja California Instituto de Investigaciones Culturales-Museo, Mexicali, 2016.

Incluye referencias bibliográficas.

La idea inicial del proyecto de tesis era trabajar en una investigación sobre mitos, leyendas negras e imaginarios en Baja California. Un evento circunstancial cambió mis pretensiones. El viraje de la idea original –claramente con enfoque regionalista– se convirtió en un trabajo de mayor envergadura. El evento que motivó mi imaginación fue una conferencia del Dr. Ernesto Bohoslavsky, “Complot Patagónico: nación, conspiracionismo y violencia en el sur de Argentina y Chile, siglos XIX y XX”. Bohoslavsky1 presentó su disertación en Mexicali (marzo de 2015) en el Instituto de Investigaciones Culturales (IIC) perteneciente a la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Durante la conferencia, Bohoslavsky, abordó temas y conceptos que de inmediato relacioné con la historia y los imaginarios de Baja California. El conferencista reseñaba mitos de complots anexionistas, leyendas de gigantes, posibles invasiones y luchas territoriales con los países limítrofes de Argentina. Todos estos eventos los ubicaba concretamente, en el lejano territorio de la Patagonia. 2 Coincidentemente, en la península de Baja California, estos imaginarios,3 y también realidades, no son ajenos ni desconocidos, cómo veremos más adelante. Interesado en las investigaciones de Bohoslavsky decidí profundizar en el conocimiento de un territorio tan lejano y desconocido para un bajacaliforniano cómo es la Patagonia. Por intermediación del Dr. Servando Ortoll, mi director de tesis, obtuve la tesis doctoral de Bohoslavsky, quien en el primer capítulo apunta: “tal vez no haya otra región en el mundo de la que se haya hablado tanto y que sea menos conocida que la Patagonia. Considerada hace más de doscientos cincuenta años cómo la patria de un pueblo de gigantes que sólo existieron en la imaginación de los primeros viajeros; muy bien secundada en sus ensoñaciones por la credibilidad de unos y la ignorancia de otros”.4 El título del tema de investigación se relaciona y alude a la imaginaria existencia de una raza de hombres de estatura desproporcionada. En la imaginación popular, estos seres existieron en tiempos inmemoriales y poblaron los territorios de la Patagonia y la península de Baja California. El mencionar gigantes dentro de la investigación, también implica una representación metafórica. Esta alegoría refiere a los esfuerzos “gigantescos” de supervivencia de los primeros pobladores; posteriormente, de los colonizadores europeos en estos agrestes y desolados territorios. No menos gigantescas son la cordillera de los Andes y las sierras bajacalifornianas, los glaciares, los mares, los ríos y los desiertos. También cabe comparar, las inmensas tierras no cultivadas y deshabitadas de la Patagonia y de la península bajacaliforniana. De acuerdo con Bohoslavsky, son poco conocidas las razones por las cuales la Patagonia fue el lugar preferido para intentar complots anexionistas. Bohoslavsky se pregunta: ¿por qué fue la Patagonia el lugar seleccionado? ¿Por qué los forjadores de mitos conspirativos recurrieron tan asiduamente al espacio patagónico cómo supuesto escenario físico de desarrollo del complot? Bohoslavsky también se cuestiona: ¿qué había en el territorio? o más bien, ¿qué se creía que había? ¿Qué lo hacía factible de ambiciones conspirativas y anexionistas?5 Para Bohoslavsky responder esas preguntas implicaba introducirse en la historia de la Patagonia. Las imágenes y representaciones de lo patagónico hacían creíbles las denuncias del nacionalismo argentino. Ese nacionalismo refería los intentos de sublevación comunista, los intentos de colonización y asentamientos ingleses y judíos. Además, la supuesta presencia nazi durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Los panoramas de mitos, conspiraciones e imaginarios también se presentaron en Baja California durante los siglos XVI al XIX. A la península de Baja California, por muchos años, se le consideró una isla. Lo más sorprendente del mito menciona que la isla estaba poblada por amazonas y gobernada por una reina llamada Calafia. Este imaginario proviene de la novela de caballería medieval Las Sergas de Esplandián. El autor, Garcí Rodríguez de Montalvo, publicó su libro entre la transición del siglo XV y XVI. Salvador Bernabéu Albert, en la introducción moderna a Las Sergas de Esplandián apunta: “la cita literaria más famosa de la historia de California es la que comienza con estas palabras”: Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla llamada California, muy llegada a la parte del paraíso terrenal, la cual fue poblada por mujeres negras, sin que varón entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su estilo de vivir. Ellas eran de valientes cuerpos y esforzados y ardientes corazones, y de grandes fuerzas. La ínsula en sí, la más fuerte de ricos y bravas peñas que en el mundo se hallaba. Sus armas eran todas de oro y también la guarnición de las fieras bestias, que después de haberlas amanzano cabalgaban, que en toda la isla no había otro metal alguno. Moraban en cuevas muy bien labradas. Tenían muchos navíos en que salían a otras partes a hacer sus cabalgadas, y los hombres que prendían los llevaban consigo dándoles muerte que adelante oiréis. Y algunas veces que tenían paces con sus contrarios, mezclábanse con toda seguranza unos con otros, y ayuntamientos carnales, donde se seguía quedar muchas de ellas preñadas, y sí parían hembra, guardábanla, y sí parían varón luego era muerto.6 Los mitos y leyendas de amazonas y gigantes pasaron al nuevo mundo en la mente de los conquistadores. Ésto, a pesar de las tempranas prohibiciones para esos libros de historias y cosas profanas. Durante las exploraciones y la expansión española en América, los conquistadores continuaron escuchando los relatos acerca de amazonas y otros seres fabulosos. Bernabéu observa que son muy conocidas las tres referencias a las mujeres guerreras en el primer diario de Cristóbal Colón de 1493.7 Guy Rozat menciona que cuando Colón descubrió América, soñó con una tierra de amazonas y buscó El Dorado, la fuente de la eterna juventud. Colón no tuvo ninguna duda sobre lo legítimo de su derecho de esclavizar a los caribes, “subhombres monstruosos que comían carne humana”.8 En poco tiempo estos relatos llegaron a la corte española y de ahí se difundieron a toda Europa. La búsqueda de amazonas y de islas ricas en oro y perlas comenzó desde que Hernán Cortés se preparaba para la conquista de México. El 23 de octubre de 1518 el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, dio instrucciones a Cortés para que averiguara: “donde y en qué parte están las amazonas que dicen los indios que con vos lleváis, que están cerca de allí”.9 Cortés zarpó de Cuba el 10 de febrero de 1519, pero para desilusión de Velázquez, jamás volvió a la isla caribeña. Dos años y medio después, el 13 de agosto de 1521, Cortés y sus aliados tomaron Tenochtitlán y conquistaron el imperio Mexica. 10 Las primeras acciones de Cortés, después del saneamiento de Tenochtitlán, fue enviar a sus capitanes a explorar el enorme territorio conquistado. En su cuarta carta de relación, enviada a Carlos V, en 1524, Cortés apuntó: “asimismo me trajo relación [Francisco de Garay] de los señores de la provincia de Ciguatán,11 que se afirma mucho haber una isla toda poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres, con los cuales han acceso, y las que quedan preñadas, sí paren mujeres las guardan, y sí hombres los echan de su compañía; y que esta isla está diez jornadas de esta provincia y que muchos de ellos han ido allá y las han visto. Dícenme asimismo que es muy rica en perlas y oro”. 12 Cabe señalar que este relato imaginario de amazonas, enviado por Cortés al rey español, es similar al de las Sergas de Esplandián. Pedro Mártir de Anglería, en el libro VIII de sus Décadas del Nuevo Mundo, publicado en 1524, también alude a las amazonas: “mis informantes no me han sacado de dudas respecto a si la isla de Matininó está exclusivamente habitada por amazonas. Cuando traté esta cuestión no afirmé el hecho, sino que me limité a consignar un rumor dudoso. Sin embargo, Alfonso Argüelles, Secretario del Emperador para los asuntos de Castilla y recaudador aquí de las rentas de la ilustrísima Margarita, tía del César, afirma, después de haber recorrido aquellas tierras, que el hecho es histórico y no fabuloso”.13 Bernabéu señala que las leyendas de amazonas se extendieron por diversos rumbos del Nuevo Mundo, desde el Caribe hasta Brasil y Chile.14 Más tarde, relatos similares al de Cortés, fueron hechos por Nuño Beltrán de Guzmán quien envió varias cartas a Carlos V. La primera de ellas el 8 de julio de 1530: “iré a la provincia de Astatlán, que dicen que es cosa muy grande y de mucha gente que me espera de guerra, que está de aquí tres jornadas, y de allí, mediante su gracia, iré en busca de las amazonas que me dicen que están a diez jornadas. Unos dicen que habitan dentro de la mar, y otros que están en una parte de un brazo de mar y que son ricas y temidas […] son más blancas que estas otras, traen arcos y flechas y rodelas, comuníquense cierto tiempo del año con los vecinos, y lo que nace, sí es varón dicen que lo matan y guardan las mujeres”.15 La segunda carta de Nuño Beltrán, fue similar a la primera, y fechada el 16 de enero de 1531, cuando se encontraba en Chiametla: “tengo relación de la tierra adentro, de provincias muy grandes y ricas, y de ser la gente más belicosa que las de otras partes; y que entre estas provincias hay una de mujeres que no habitan con hombres ni los consientes sino en cierto tiempo del año, y de lo que paren, sí es hembra, lo dejan consigo, y sí varón dicen que lo matan”.16 Descubrir y conquistar la isla de las amazonas siguió en la mente de Cortés y de Guzmán por varios años. Otra de las pretensiones de Cortés fue encontrar el Estrecho de Anián, que supuestamente comunicaba el Pacífico con el Atlántico; sin embargo, descubrir y enfrentar a las míticas guerreras era sólo imaginación. Todo indica que las novelas de caballería, los relatos de los conquistadores y los nativos americanos fomentaron la codicia de los españoles. La motivación de encontrar ricas tierras con yacimientos de oro, plata y perlas, era demasiada tentación. El arribo de los primeros exploradores a la Patagonia y la península de Baja California fomentaron un constante imaginario de inmensos y fantásticos territorios. Los afanes con los nuevos descubrimientos cumplirían una doble función: hacer ricos a los conquistadores y el ensanchamiento de los dominios de la corona española. Al parecer, la mentalidad de los europeos y sus acompañantes fue estimulada por la inmensidad de las áridas planicies patagónicas. La Antigua California inspiró los mismos sentimientos de los primeros viajeros. Por casi doscientos años los europeos continuaron con sus exploraciones. Cambiaron la geografía conocida, pero sin encontrar lo que realmente buscaban, sencillamente porque no existía. Las evidencias demostraron que todo era irreal y sólo cabía en el campo de lo imaginario. La Patagonia y Baja California no estuvieron exentas de esos imaginarios. Un ejemplo son los topónimos de la supuesta isla californiana, y el nombre de Patagonia que siguen hasta la fecha sin resolverse. La pluralidad del significado del término “Patagonia” se dio por el desconocimiento geográfico y físico del territorio hasta fines del siglo XIX. Esta ignorancia facilitaba las construcciones imaginarias. Bohoslavsky indica que: “probablemente no haya en Argentina un espacio que posea tal cantidad de rasgos mitologizados y de distancia entre lo que se es y lo que se dice que es”.17 En la Patagonia existe una larga tradición por vincular este territorio con todo tipo de leyendas: la mítica ciudad de los Césares y el no menos mítico Dorado; así cómo la existencia de gigantes, animales fantásticos y caníbales.18 El imaginario cómo objeto de estudio El “imaginario” cómo objeto de estudio dentro de las ciencias sociales, no es simplemente una palabra, es también un campo, un terreno de estudio. 19Jean Paul Sartre y Gastón Bachelard acuñaron definiciones al concepto. Juan Camilo Escobar señala que Sartre intentó justificar la existencia terrenal del hombre a partir de tres aptitudes: imaginación, razón y percepción. En concordancia, lo imaginario es el terreno de la imaginación.20 Posterior a la definición de Sartre, Gastón Bachelard afirmó que ese concepto era un terreno de estudio paralelo a la razón. El filósofo indicó que la imaginación no representa imágenes, sino que es imaginario. De esta manera lo imaginario sería la imaginación y todo lo que ella produce. De acuerdo con Bachelard el vocablo primordial que compete a la imaginación no es la imagen, es el imaginario. Gilbert Durand, antropólogo y autor del libro Las estructuras antropológicas de lo imaginario (1979) fue discípulo de Bachelard. En su obra, Durand asegura que el imaginario se constituye por modelos propios a toda la humanidad, y que éstos fueron creados desde las sociedades primitivas.21 Durand destaca el hecho que el imaginario tiene: “carácter universal, transhistórico e inmutable. Los modelos de la humanidad, provenientes desde lo más antiguo de la historia, de épocas inmemoriales, se expresan detrás de las diferentes apariencias de las culturas”. 22 En opinión de Durand, lo imaginario cabe en lo simbólico y el mito. En lo simbólico como lenguaje que expresa significados. En el mito, como totalidad significativa que da sentido al mundo social.23 De acuerdo con Juan Camilo Escobar, el imaginario es: “un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes […] es conjunto de imágenes mentales que sirve de producciones estéticas, literarias y morales, pero también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitido”. 2

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