Se vive desde los ojos de otro hombre : el consumo de pornografía maisntream, en la era digital, y su relación con la homosocialidad masculina en la configuración de masculinidades vigentes / Edgar Fabián Cárdenas Quintero ; Areli Veloz Contreras Dir. [Recurso electrónico]
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TextoDetalles de publicación: Mexicali, Baja California : 2025Descripción: 1 recurso en linea 164 p. il. col., fotsTema(s): Tesis de grado | Pornografía -- Aspectos sociales | Pornografía en internet -- Consumo digital | homosocialidadClasificación LoC:HQ471 | C37 2025Recursos en línea: Tesis digital
Nota de disertación: Tesis (Maestría) - Universidad Autónoma de Baja California. Instituto de Investigaciones Culturales-Museo. Mexicali, 2025. Resumen: En los últimos años, y debido a los a avances tecnológicos que han facilitado tanto el acceso a Internet como el poder adquirir un teléfono inteligente, ha habido un aumento tanto en el consumo como la proliferación de la pornografía1 en la web. Esta evolución digital de la que hablo no solo se limita a los dispositivos o a la velocidad en que podemos obtener información sobre cualquier cosa en línea, sino también en la forma en que se produce y se visualiza este tipo de material. Ahora, ya no es necesario acudir a un videoclub o acudir a tiendas especializadas para poder comprar material pornográfico; tampoco es necesario esperar hasta muy noche a que en algún canal de televisión por paga trasmitan alguna película con escenas sexuales. Ya que, en la actualidad, toda esa clase de contenido puede ser encontrado en segundos desde la comodidad de nuestros hogares a través de nuestros celulares o aparatos digitales con unos cuantos clics.
Lejos han quedado los días en el que la pornografía era considerada como un consumo privado y con ciertas restricciones para su acceso. El contenido que anteriormente se pagaba por ver o adquirir era considero como porno blando o softcore2, incluso un tanto amateur. También, tal material no era considerado ni referenciado en los medios de comunicación. Con la llegada de los avances tecnológicos y con ello la nueva forma en que era concebida la pornografía, la manera en que se comercializaba, producía y distribuía sufrió cambios.
Principalmente, este material se volvió global y de fácil explotación para el capitalismo; paso de un acceso limitado, carga lenta y mala resolución durante los primeros años de Internet, a uno con imagen y video en máxima resolución, accesibilidad sencilla, anonimato y asequible. Por último, las categorías de la pornografía también tuvieron que cambiar, pasando de un porno blando a uno hardcore, es decir, a uno mainstream. La pornografía mainstream, en cambio, si es tomada y referenciada en los medios de comunicación, y es donde radica también su diferencia, pues se considera que existe una imbricación entre estos dos dispositivos que hago mención. Haciendo que se viva, ahora, en aquello que Paul (2005) define como la cultura pornificada, refiriéndose en la forma en que nos relacionamos, hombres y mujeres, y vivimos nuestra sexualidad mediada, hasta cierto punto, por los medios de comunicación hipersexualizados. Es una realidad para los hombres mexicanos, que las cosas que solemos consumir están generizadas, es decir, que es permitido o esperado para un género en específico. Puede ser lo que vestimos, realizamos o vemos, como es el caso de la pornografía. Tal contenido es tan común en nuestras experiencias masculinas que solemos crear nuestros primeros vínculos con otros hombres, o de homosocialidad, a partir de ello. Lo cual nos lleva a la problemática que se analiza. El compartir pornografía entre hombres heterosexuales, los cuales serán los colaboradores de la investigación, funciona como una acción reafirmadora de género en ellos, una de las pocas, añado, que existe para nosotros, las cuales suelen girar en el ámbito sexual. Sin duda, y como se verá más adelante, este tipo de experiencias en relación a tal consumo configurarán el entendido subjetivo y el significado del “ser hombre”. Pero el vivirnos desde la pornografía, mainstream específicamente, no solo condiciona nuestros discursos, sino también las prácticas.
Tal es el caso, que este material en un futuro se convertirá en un dispositivo formativo en la vida sexual del consumidor, mismo que cuenta con ciertas particularidades que lo han vuelto tan popular. Razón por la cual lo añado a la problemática. La pornografía mainstream tiene una diversidad de características como estar focalizada en el deseo masculino; la mujer funciona como objeto de satisfacción para ellos y el hombre es extraído totalmente de cuadro, lo único que puede ser visto de nosotros es nuestro pene y torso. El inicio del consumo de este material, comúnmente, es durante nuestra infancia en edades de 6 a 14 años. Durante esta etapa nos encontramos cursando la primaria, misma donde también nos encontramos más vulnerables a cualquier contenido al cual somo expuestos, y es justo aquí cuando nuestras primeras relaciones de homosocialidad masculina inician. Y con ellas, una pedagogía pornográfica.
La pedagogía pornografía es una de las formas en la que perpetuación de un entramado de sistemas de opresión, como el capitalismo, la heteronormatividad y los patriarcados contempéranos, son aplicados. En este caso específico, aunque sujetos a los demás dispositivos mencionados, la pedagogía de la que hablo educa sobre como deberían ser las relaciones sexuales heterosexuales. Se ven a estas relaciones como la normalidad y su aplicación debe ser imitada, cualquier cosa fuera de ellas irrumpiría con el orden establecido y tal acción puede ser detenida de manera coercitiva. Es llamada pornográfica pues el conocimiento de tal “normalidad” es transmitido a través de la pornografía por hombres mayores a menores. Cabe destacar, que esta pedagogía, la cual ahora considero como una “tradicional”, describe situaciones o proceso los cuales no considera los avances tecnológicos y pornográficos descritos anteriormente. Ya que todo solía hacerse de manera física y de mano a mano. Si bien es cierto que aun suceden prácticas tradicionales como la visualización en colectivo o el compartiste pornografía, estas suceden ahora comúnmente en espacios digitales. Todo es llevado a cabo por medio de computadoras o celulares. Por lo tanto, surge la duda si existen investigaciones que hablen sobre las vinculaciones que menciono: ¿Cómo influye, en una era digital, el consumo de pornografía mainstream en las relaciones de homosocialidad masculina de hombres heterosexuales? Lo cual incluye mandatos, roles y expectativas. Estimando que la pedagogía pornográfica sigue configurando a las masculinidades ¿Qué aspectos se han modificado en este dispositivo considerando que paso de uno tradicional a uno digital? Y ¿Cómo somos interpelados los hombres en nuestras subjetividades a través del consumo pornográfico mainstream? Esto es expectativas del “ser hombre”, mandatos, discursos y prácticas. [...]
| Tipo de ítem | Biblioteca actual | Colección | Signatura | Copia número | Estado | Fecha de vencimiento | Código de barras |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Tesis | Centro de Documentación y Archivos Digitales de IIC-Museo | Colección de Tesis | HQ471 C37 2025 (Browse shelf(Abre debajo)) | 1 | Disponible | IIC010468 |
Maestría en Estudios Socioculturales
Tesis (Maestría) - Universidad Autónoma de Baja California. Instituto de Investigaciones Culturales-Museo. Mexicali, 2025.
Incluye referencias bibliográficas
En los últimos años, y debido a los a avances tecnológicos que han facilitado tanto el acceso a Internet como el poder adquirir un teléfono inteligente, ha habido un aumento tanto en el consumo como la proliferación de la pornografía1 en la web. Esta evolución digital de la que hablo no solo se limita a los dispositivos o a la velocidad en que podemos obtener información sobre cualquier cosa en línea, sino también en la forma en que se produce y se visualiza este tipo de material. Ahora, ya no es necesario acudir a un videoclub o acudir a tiendas especializadas para poder comprar material pornográfico; tampoco es necesario esperar hasta muy noche a que en algún canal de televisión por paga trasmitan alguna película con escenas sexuales. Ya que, en la actualidad, toda esa clase de contenido puede ser encontrado en segundos desde la comodidad de nuestros hogares a través de nuestros celulares o aparatos digitales con unos cuantos clics.
Lejos han quedado los días en el que la pornografía era considerada como un consumo privado y con ciertas restricciones para su acceso. El contenido que anteriormente se pagaba por ver o adquirir era considero como porno blando o softcore2, incluso un tanto amateur. También, tal material no era considerado ni referenciado en los medios de comunicación. Con la llegada de los avances tecnológicos y con ello la nueva forma en que era concebida la pornografía, la manera en que se comercializaba, producía y distribuía sufrió cambios.
Principalmente, este material se volvió global y de fácil explotación para el capitalismo; paso de un acceso limitado, carga lenta y mala resolución durante los primeros años de Internet, a uno con imagen y video en máxima resolución, accesibilidad sencilla, anonimato y asequible. Por último, las categorías de la pornografía también tuvieron que cambiar, pasando de un porno blando a uno hardcore, es decir, a uno mainstream. La pornografía mainstream, en cambio, si es tomada y referenciada en los medios de comunicación, y es donde radica también su diferencia, pues se considera que existe una imbricación entre estos dos dispositivos que hago mención. Haciendo que se viva, ahora, en aquello que Paul (2005) define como la cultura pornificada, refiriéndose en la forma en que nos relacionamos, hombres y mujeres, y vivimos nuestra sexualidad mediada, hasta cierto punto, por los medios de comunicación hipersexualizados. Es una realidad para los hombres mexicanos, que las cosas que solemos consumir están generizadas, es decir, que es permitido o esperado para un género en específico. Puede ser lo que vestimos, realizamos o vemos, como es el caso de la pornografía. Tal contenido es tan común en nuestras experiencias masculinas que solemos crear nuestros primeros vínculos con otros hombres, o de homosocialidad, a partir de ello. Lo cual nos lleva a la problemática que se analiza. El compartir pornografía entre hombres heterosexuales, los cuales serán los colaboradores de la investigación, funciona como una acción reafirmadora de género en ellos, una de las pocas, añado, que existe para nosotros, las cuales suelen girar en el ámbito sexual. Sin duda, y como se verá más adelante, este tipo de experiencias en relación a tal consumo configurarán el entendido subjetivo y el significado del “ser hombre”. Pero el vivirnos desde la pornografía, mainstream específicamente, no solo condiciona nuestros discursos, sino también las prácticas.
Tal es el caso, que este material en un futuro se convertirá en un dispositivo formativo en la vida sexual del consumidor, mismo que cuenta con ciertas particularidades que lo han vuelto tan popular. Razón por la cual lo añado a la problemática. La pornografía mainstream tiene una diversidad de características como estar focalizada en el deseo masculino; la mujer funciona como objeto de satisfacción para ellos y el hombre es extraído totalmente de cuadro, lo único que puede ser visto de nosotros es nuestro pene y torso. El inicio del consumo de este material, comúnmente, es durante nuestra infancia en edades de 6 a 14 años. Durante esta etapa nos encontramos cursando la primaria, misma donde también nos encontramos más vulnerables a cualquier contenido al cual somo expuestos, y es justo aquí cuando nuestras primeras relaciones de homosocialidad masculina inician. Y con ellas, una pedagogía pornográfica.
La pedagogía pornografía es una de las formas en la que perpetuación de un entramado de sistemas de opresión, como el capitalismo, la heteronormatividad y los patriarcados contempéranos, son aplicados. En este caso específico, aunque sujetos a los demás dispositivos mencionados, la pedagogía de la que hablo educa sobre como deberían ser las relaciones sexuales heterosexuales. Se ven a estas relaciones como la normalidad y su aplicación debe ser imitada, cualquier cosa fuera de ellas irrumpiría con el orden establecido y tal acción puede ser detenida de manera coercitiva. Es llamada pornográfica pues el conocimiento de tal “normalidad” es transmitido a través de la pornografía por hombres mayores a menores. Cabe destacar, que esta pedagogía, la cual ahora considero como una “tradicional”, describe situaciones o proceso los cuales no considera los avances tecnológicos y pornográficos descritos anteriormente. Ya que todo solía hacerse de manera física y de mano a mano. Si bien es cierto que aun suceden prácticas tradicionales como la visualización en colectivo o el compartiste pornografía, estas suceden ahora comúnmente en espacios digitales. Todo es llevado a cabo por medio de computadoras o celulares. Por lo tanto, surge la duda si existen investigaciones que hablen sobre las vinculaciones que menciono: ¿Cómo influye, en una era digital, el consumo de pornografía mainstream en las relaciones de homosocialidad masculina de hombres heterosexuales? Lo cual incluye mandatos, roles y expectativas. Estimando que la pedagogía pornográfica sigue configurando a las masculinidades ¿Qué aspectos se han modificado en este dispositivo considerando que paso de uno tradicional a uno digital? Y ¿Cómo somos interpelados los hombres en nuestras subjetividades a través del consumo pornográfico mainstream? Esto es expectativas del “ser hombre”, mandatos, discursos y prácticas. [...]

